lunes, 30 de noviembre de 2009

ESTRELLAS

Bajo el mar el mundo se ve de otra manera.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

ESTRELLAS

Hay estrellas y arcoiris bajo el mar, ¿nunca los has visto?

lunes, 23 de noviembre de 2009

viernes, 20 de noviembre de 2009

LA NOCHE III

TRES
Identificó rápidamente la mayoría de aquellos símbolos. Hacía unos tres años que había llegado hasta sus manos un raro ejemplar de escritura jeroglífica. Se lo había proporcionado un viejo amigo a su regreso de Nueva España. La primera vez que lo vio no supo cómo reaccionar. Las cabezas aladas, los seres con un ojo, los círculos, las manos recogidas... Nada de todo aquello entraba en la mente de un hombre como él, acostumbrado a descifrar escritos latinos. Luego vinieron las cábalas y las suposiciones. Las interpretaciones de otros viajeros llegados desde aquel lejano y tenebroso reino en Las Indias. Por eso ahora podía comprender casi todos los símbolos que aparecían en el pergamino que una extraña y huesuda sombra había dejado a sus pies. También por eso sintió la misma angustia al reconocerlos.
Leyó mentalmente la primera serie: identificó el número veinte, la serie inicial de un suceso que duraba años; el cero repetido varias veces significaba la desgracia de una pérdida insufrible; la mano del dios sobre la cabeza del mundo era la inversión de los polos que decían desde antiguo los griegos; la cuenta atrás de las lunas... no era un buen augurio. Sólo un signo escapaba a su entendimiento: aquella especie de llave invertida que su dedo índice trató de escudriñar y resolver al tacto con el pergamino. No supo qué era, qué significaba, qué escondía.
Volvió a enrollarlo y caminó despacio hacia su casa. La noche parecía aún más cerrada. La llave se le presentó en sueños varias veces, pero no sabía qué puerta del conocimiento estaba destinada a abrir. Únicamente intuía que una vez abierta ya no podría cerrarla.

lunes, 16 de noviembre de 2009

ATRAPADO

Ante la próxima cumbre del clima en Copenhague, muerta antes de nacer, no cabe otra opción que preguntarse si nuestro propio planeta nos terminará atrapando, dada nuestra incapacidad para cambiar.

viernes, 13 de noviembre de 2009

LA NOCHE II

DOS
Hasta unos minutos después no percibió los pasos que lo seguían. Paró y los pasos cesaron. Siguió y los pasos reanudaron su repetitivo y sutil ritmo. Callejeó un rato intentando perderlos. Las luces habían cesado, la luna estaba oculta, las sombras deambulaban entre las piedras. Un sudor frío recorrió las arrugas de su frente. Por fin, paró junto a la puerta de un convento. De reojo vio un torno al fondo del estrecho zaguán y recordó su propio pasado y se vio como un recién nacido siendo intercambiado y expuesto. En esos segundos absorto en su niñez no reparó en los pasos y cuando volvió al presente ya no los oyó. Sintió que también habían formado parte de aquellos pensamientos y se incorporó de nuevo a la callejuela. No dio tres pasos. Antes de que se diera cuenta una mano huesuda había salido de entre las sombras y ante sus ojos extendía un pergamino. Siguió la línea de aquellos huesos, vio un hombro casi descubierto e intentó distinguir rasgos en una cara semioculta. La mano insistía en entregarle el pergamino. No tuvo miedo, o al menos en ese momento, el que antes había podido sentir se desvaneció como aquella figura en la noche. El pergamino cayó a sus pies y se abrió ligeramente. Para cuando se agachó a recogerlo ya había reconocido los signos que en él aparecían. Lo que logró leer fue lo que le produjo el verdadero miedo.

lunes, 9 de noviembre de 2009

UN DIBUJO QUE SUBE UNA ESCALERA PARA LLEGAR A...

He querido poner el antes y el después de una ilustración. A veces no se ve el trabajo que hay detrás de cada dibujo.

viernes, 6 de noviembre de 2009

EL HADA ROJA

Ilustración para El Hada Roja, un texto de Guillermo Cabrera Moya, que puedes leer en la siguiente dirección:

miércoles, 4 de noviembre de 2009

LA BRUJA


lunes, 2 de noviembre de 2009

LA NOCHE

UNO
Eran cerca de las doce de la noche. De una noche cerrada y casi muda. Las pocas luces que aún quedaban, iluminaban los rincones y las esquinas de las callejuelas. Apenas podría un alma ver algo en aquella tenebrosa oscuridad. Así que salió con prudencia y abandonó su escondite sigilosamente, evitando levantar sospechas incómodas o ruidos innecesarios, que a esas horas resultarían estruendosos y, lo que era peor, sospechosos. La noche transformaba las figuras en sombras y los rasgos de su cara se afilaban y profundizaban en su pasado, dejando entrever historias y sucesos oscuros. Por un momento todos los fantasmas parecieron concentrarse en él y envolverlo en una túnica de misterio. Absorto como estaba en todos aquellos ancestrales pensamientos, apenas percibió la sombra que lo acompañaba y tan sólo un ruido sutil de unos pasos ajenos logró devolverlo a la cerrada noche.